En un acto de honestidad y de necesidad, Jessica Oviedo informó durante su última entrevista de empleo que padece de fibromialgia, trastorno que causa dolores musculares y fatiga.

Cuenta la joven de 27 años que, cuando reveló a sus entrevistadores ese padecimiento y la necesidad de ausentarse periódicamente para recibir terapia médica, la entrevista terminó de inmediato en un rechazo a su solicitud.

“Ahora, simplemente, se trata de no decir las discapacidades que tiene uno porque, si no, viera lo que cuesta conseguir un trabajo”, lamentó.

Ella recordó cuando en una ocasión sufrió una crisis por la fibromialgia, mientras estaba en el trabajo. La emergencia la obligó a incapacitarse durante una semana.

A su regreso, afirmó la mujer, su patrono la despidió debido a su padecimiento.

Esa suma de desempleo y enfermedad obligó a Jessica Oviedo a congelar sus estudios universitarios en Administración de Negocios, carrera en la que tampoco encuentra vacantes en el mercado laboral.

“He enviado casi 100 currículos y nada, y si a uno lo llaman, le ofrecen un salario superbajo”, manifestó con pesar.

Oviedo, además, está en una encrucijada al encontrarse sobrecalificada para ciertos empleos por los que ha optado.

Esa misma situación vive Alex Barboza Portuguez, un padre de familia de 48 años que obtuvo un título profesional que, no obstante, no le ha servido como llave para ingresar al mercado de trabajo.

Las intenciones de Barboza eran usar su nueva profesión como una forma de escalar posiciones en su último empleo, pero se vio en la obligación de renunciar por situaciones de acoso laboral, según relató.

Él achaca a su edad y a su falta de experiencia en su nueva profesión la imposibilidad de colocarse en otro puesto.

No oculta que estas circunstancias le causan una enorme frustración, la cual, a veces, llega al nivel de desesperación, pues le gustaría poder predicar con el ejemplo a sus hijos ya grandes.

“Si busco financiamiento no hay porque no tengo orden patronal; estoy reduciendo todos los gastos; en muchos casos, comiendo menos.

“Con este panorama vivo en una incertidumbre cada día”, concluyó Barboza, no sin antes hacer un llamado para que las instituciones del Estado apoyen a los desempleados.

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