PLN pierde terreno, pero sigue siendo el potentado. El PUSC levanta cabeza y logra 14 alcaldías. El PAC consigue resultados como si no estuviera en Gobierno y Frente Amplio queda lejos de las expectativas. Pero a nadie le fue tan mal como al Libertario, que perdió dos municipalidades y queda con cero alcaldes. A los partidos cantonales les fue regular y a esa criatura llamada abstencionismo, mucho mejor: solo votó uno de cada tres ciudadanos.

Como un fuego que parecía apagado y de repente resurge de sus cenizas, el bipartidismo político extiende su aroma -fácil de recordar en Costa Rica- luego de confirmados los resultados de las elecciones municipales del pasado domingo.

Sin saberse si está retornando o solo mostrando los huesos que le quedaban después de la debacle del 2004, el Partido Unidad Social Cristiana (PUSC) se erigió como segunda fuerza en cargos municipales, mientras el Partido Liberación Nacional (PLN) celebra su reposición anímica después de la histórica derrota en las presidenciales del 2014.

Las 48 alcaldías en manos del PLN y las 14 del PUSC son datos que se combinan con un Partido Acción Ciudadana (PAC) estancado en seis, como si se hubieran extinguido las ilusiones de las presidenciales que llevaron al poder a Luis Guillermo Solís.

Las restantes 13 alcaldías se reparten entre agrupaciones menores de alcance nacional e incluso cuatro de escala cantonal: dos de naturaleza local pura (en Curridabat y Escazú) y las dos que prestaron su plataforma para que figuras hechas y despreciadas en el PLN cumplieran su deseo de postularse en cantones de alta importancia: Johnny Araya en San José y Néstor Mattis en Limón.

Estos son los datos preliminares que el Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) tenía a disposición al cierre de esta edición, sobre las primeras elecciones totalmente municipales en la historia de Costa Rica.

Fue un proceso trabajoso, de logística complicada para el Tribunal y sin dinero en la mayoría de partidos, a pesar de la florescencia de fuerzas cantonales que agregaron variedad a la oferta política y desafíos a los partidos tradicionales.

Además, se conoce ya el número que zanja los pronósticos de los pesimistas y de los entusiastas sobre participación electoral: votó el 35% de los ciudadanos. Uno de cada tres acudió al llamado y las lecturas dejan espacio para gustos.

Es la cifra de participación más alta en unos comicios municipales, se diría en su favor, pero también se puede decir que dos de cada tres ciudadanos pasaron de lejos al llamado de un proceso que conllevó la mayor logística electoral en la historia del país para integrar gobiernos locales.

Para estos, la municipalidad no importa o su importancia no pasa por acudir a las urnas y escoger entre una marea de partidos que van desde el tradicional nacional hasta el experimental de barrio.

Y parece que la partida la ganaron, en términos generales, los tradicionales nacionales.

El PLN perdió 11 alcaldías en relación con los resultados de las municipales de diciembre de 2010 (59 gobernaciones), pero recuperó el resuello tras su desastrosa derrota de las presidenciales del 2014.

Igual que con el abstencionismo, hay dos formas de leerlo, pero también hay una cifra dura como piedra: los verdiblancos se adueñaron del 60% de los puestos de alcaldías y se habrían dejado el mayor número de sillas de regidores, según cálculos no oficiales.

Dentro, hay aún quienes se lamentan de haber logrado menos votos que en 2010 y perdido cuatro de las siete cabeceras de provincia, pues además de San José y Limón, quedaron en otras manos Puntarenas (PUSC) y Liberia (donde el Partido Accesibilidad sin Exclusión, PASE, podría reelegirse salvo algún cambio en el conteo tan ajustado).

A su favor, el PLN podría decir que logró mantener su dominio en Heredia, Cartago y Alajuela, donde incluso alcanzó el mayor número de votos en un cantón, con 31.000.

Parece que además de los esfuerzos o virtudes de los candidatos, la maquinaria sigue moviéndose lenta y herrumbrada, pero mejor que las estrategias casi artesanales de otras agrupaciones y de las decenas de fuerzas cantonales que se lanzaron de manera experimental a tratar a cazar a electores de por sí reacios.

De ello se valió el PLN y también el PUSC, con el mérito de haber capeado la partida de una parte de su dirigencia, la que se sumó al Partido Republicano Social Cristiano (PRSC) fundado por el expresidente Rafael Ángel Calderón.

El PUSC volvió a mostrar músculo en algunos cantones periféricos como Puntarenas, Aguirre, Coto Brus y Talamanca, pero también en circunscripciones rurales del Valle Central con el punto alto de haber logrado reelegir en Belén, uno de los más prósperos y de mejor calidad de vida.

“Siempre fui mariachi, pero claro que uno andaba medio agüevado con todo lo que pasó en el partido. Uno lleva esto en el corazón. Ya ahora uno ve que hay gente más seria y no está Calderón, que lo quisimos mucho pero ya no le ayudaba a la Unidad”, explicó Uriel Alfaro, un mecánico de 66 años que este domingo ayudó junto a sus dos hijos para que la bandera rojiazul se impusiera en la alcaldía de su Naranjo.

En otros cantones, como Poás, Tarrazú y Tilarán, el PUSC se enfrascó en un pulso contra PLN con pequeñas diferencias de votos que solo se resolverían de manera definitiva cuando el TSE finalizara el conteo manual que empezó este martes para efectos de las alcaldías. Las sillas de regidores también podrían traerles buenas noticias a los socialcristianos, incluso con el retorno a concejos que se le habían tornado inasequibles, como Montes de Oca, el único cantón cuya alcaldía quedó en manos de una coalición. En este caso fue “Gente”, formada por el PAC, Frente Amplio y cuatro agrupaciones menores, liderada por el joven Marcel Soler, de 25 años.

Pocos frutos lograron las fuerzas progresistas del espectro ideológico. Además de las seis del PAC y la victoria de Gente en Montes de Oca, solo se agrega Barva de Heredia, con el triunfo de Frente Amplio, salvo algún cambio de última hora en el conteo.

Están por confirmarse los puestos de regidurías, pero los números parecen alejados de lo esperable para la tercera agrupación en tamaño en la Asamblea Legislativa y con el trabajo de base en terreno del cual se ufana en los tres años recientes.

Peor, en todo caso, fue el resultado para el Movimiento Libertario. El partido del diputado y cuatro veces candidato presidencial Otto Guevara quedó borrado de la elección de alcaldes y ni siquiera logró colocar candidatos en algunos cantones.

Es un golpe más, que se suma a los magros resultados del 2014, las fracturas internas y la reciente condena judicial contra varios de sus miembros directivos, por estafa con financiamiento estatal para campañas.

La agrupación más recostada a la derecha ideológica nacional se llevó los peores palos en estos comicios y el electorado parece hacer su recordatorio por las posiciones más centristas.

Una mención aparte merece el Partido Nueva Generación (PNG), que se subió a la palestra en las presidenciales con el candidato Sergio Mena y que para estos comicios aplicó la estrategia de abrir sus puertas a políticos locales consolidados, pero sin bandera. Así se hizo con las gobernaciones de Mora, Turrubares, Alajuelita y Nandayure. Por ejemplo, Gilberto Monge en 2010 logró la alcaldía con el PLN y para esta ocasión logró reelegirse pero con la bandera azul-naranja.

Pasados estos comicios, los dirigentes de los partidos nacionales miran en el calendario la justa electoral presidencial del 2018, sacan las calculadoras y los cuadernos de bocetos, sin que necesariamente los resultados de este domingo pasado sirvan para predecir nada.

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